Fotografía de noche buena

Extraído de: http://beatrizolivenza.blogspot.com/2011/08/hogar-triste-hogar.html

La cena comenzó temprano. En mi casa, siempre han sido de comer temprano.

Ya sentado en la mesa, miré hacia los dos lados. Me sentí feliz, a pesar de todo. Me sentí feliz aunque sabía que en la mesa faltaban algunos tíos, de sangre o políticos, que tuvieron que faltar debido a que tenían otros compromisos; o que faltaron porque esa noche en especial no se sentían completos como para celebrar, sino más bien para desahogarse. Me sentí feliz a pesar de que faltaban mis primos pequeños; a pesar de que mis primas pequeñas se encontraban con sus padres en otra ciudad; aunque mis primos adolescentes no pudieron ir, porque estaban atravesando momentos difíciles; o mi primo mayor, estaba cumpliendo con la nueva familia que creó. Me sentí feliz, a pesar de que en los ojos de mi abuela se formaba una lágrima, con la que luchaba para no dejarla salir mientras ponía una sonrisa que no alzanzaba a sus ojos. Pese a que pude ver a mi abuelo, un año más viejo y con el alma un poco más rota.

Me sentí feliz, no por los que estaban ausentes. Sino por los que estuvimos presentes.

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