Confesión.

Hoy sentí la tentación de darte mi confesión
de que estoy a punto de cometer un asesinato.
Mataré mis sentimientos y mi corazón
«por traicionar a la razón», ese será mi alegato.

Hoy camino haciendo funambulismo,
por la cuerda floja que tu llamas vida.
El ilusionismo de no mirar hacia el abismo,
cuando tu mirada está roja, triste y raída.

Quizá se deba a algún decreto cósmico,
vagar sin rumbo en este mundo sórdido.
O quizá haya encontrado mi propósito,
aprender a escapar de este estado mórbido.

Me enseñó la edad que en esta realidad
al final solo prevalece la llamada crueldad.
Y que la bondad de ninguna deidad
te dirá que la cura es igual a la enfermedad.


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