Desperté.

Hoy despierta un nuevo día en el que amanecí,
con mis manos buscando poder tocarte.
Aún no olvido lo que te prometí.
Aún no estoy seguro de que quiero encontrarte.

Jugamos en el bosque a ser dos inocentes con
fuego en la boca y en el estómago mariposas.
Ahora dormimos en el parque como indigentes
porque lentamente la fortuna se torna dolorosa.

Ignoramos lo que los árboles nos sugieren
invadidos por la confianza de los que se quieren.
Sin tomar en cuenta que la vida es un ciclo y que
de alguna forma hasta los inmortales mueren.

Cuando estoy borracho hablo con las estrellas.
Ni ellas pueden lucir mejor que ella.
No hacen falta ascetas ni profetas para
saber que el viento se le acaba a las cometas.

Nos convertimos en las víctimas de una saeta,
que con destreza volaba al corazón directa.
No supimos pedir a tiempo la receta,
para curar el alma cuando la herida se infecta.

Sentimos la excitación de ser el cazador
y jugar a que el otro era la presa.
Pero nadie nos dijo nunca que el amor,
no deja cicatrizar las heridas aun abiertas.

Estoy en la esquina fumando un tabaco,
porque hace tiempo ya me fumé tus piernas.
La misma noche que mi zapato pisó tu gato,
mientras contra mí colisionaban tus caderas.

Fuimos esclavos del placer y los excesos,
sentimos poder dominar el universo.
Conjugué los verbos de tu piel
la unté con mi miel y así creé un nuevo verso.

Los dioses nuestro amor habían bendecido.
Caminábamos confiados de no resultar heridos.
Luego por el ego caminamos engreídos,
por el mismo hecho acabamos tan dolidos.

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